miércoles, 24 de junio de 2026

CAMINO DE SANTIAGO PIRATA - LEBANIEGO VADINIENSE

El año pasado me dejó tan buen sabor de boca el Camino Primitivo que este año decidí repetir, aunque esta vez acompañado por otros cuatro compañeros del club (Vidal, Andy, David y Óscar). De nuevo con muchas dudas físicas, y es que mi rodilla, esta vez la derecha, ha empezado a darme problemas también de menisco que me hicieron plantearme seriamente cancelar el viaje.

Finalmente decidí “tirar palante”, primero por mis compañeros, pero sobre todo, por no perder la oportunidad de seguir viviendo experiencias en una vida que cada vez tengo más claro que hay que aprovechar al máximo.

El Camino elegido esta vez fue el Lebaniego Vadiniense, que une ambos, saliendo de San Vicente de la Barquera hasta Mansilla de las Mulas. Pasaríamos en Cantabria por los Picos de Europa, con desniveles considerables, terminando por tierras leonesas, por terrenos mucho más suaves. Está considerado el más duro de los caminos, aunque para mí es una percepción muy personal, pero sobre todo, de los más minoritarios, ya que apenas nos encontramos peregrinos en las diferentes etapas ni en los hospedajes.

Por fin partimos de Jerez en tren el martes 19 de mayo para llegar a León a media tarde y desplazarnos a San Vicente de la Barquera en una furgotaxi, alojarnos, tomar las primeras cervezas y preparar la salida temprano con mucha ilusión.

Etapa 1 (Miércoles 20/05/2026): San Vicente de la Barquera - Lafuente (33,7 kms – 800+)

Bonita etapa en la parte inicial, siguiendo la senda fluvial del río Nansa por un sendero de sube y baja por un bosque precioso. En sólo 10 kms hacemos la primera parada para una buena cerveza y unos pinchos de tortilla (creíamos que iba a ser lo normal...). Después continuamos por el río Nansa y la etapa se endurece bastante por el desnivel, barro en el terreno y mucho calor. Llegamos al albergue de Cades, donde finaliza la etapa “oficial”, pero que nosotros alargaríamos 12 kms más. Al menos comimos allí unos bocatas que nos dieron la vida, porque lo que nos faltaba sería todo por carretera en continuo ascenso bajo un sol de justicia que alguno no olvidará (“voy al límite!!”). Llegamos al Albergue Los Pumares muy tocados tras 10 horas de tralla.

Etapa 2 (Jueves 21/05/2026):  Lafuente – Potes (26,2 kms - 1200+)

Comenzamos la jornada con una buena subida hasta Cicera para calentar y después el tramo más bonito del día, ascenso a Lebeña en un bosque de naturaleza viva con un sendero en zigzag de los que me gustan. Encontramos un kiosco donde nos tomamos una cervecita y modificamos la ruta evitando el paso por Cabañes dado el calor que ya hacía, pasando por Tama y finalmente llegando al bonito pueblo de Potes, capital de la comarca de Liébana. Allí nos reponemos en un buen hostal que teníamos reservado (Hostería La Antigua) y después echamos la tarde por el casco antiguo terminando con unas estupendas pizzas y alguna cervecita.


Etapa 3 (Viernes 22/05/2026): Potes – Espinama (26,3 kms – 1200+)

Etapa larga y dura, de media montaña, con desniveles constantes. El paisaje, con vistas sobre los Picos de Europa, y el entorno natural, son un privilegio. Primero subimos al Monasterio de Santo Toribio de Liébana, meta del Camino Lebaniego, donde se encuentra el Lignum Crucis, el mayor trozo de madera conservado de la Cruz de Cristo. Después continuamos pasando por varios pueblos hasta Areños, donde almorzamos unos inolvidables huevos con patatas y chorizo para encarar después uno de los tramos más bonitos que hemos hecho, el “Camino del Monte Oscuro”, un magnífico ascenso por un bosque de robles, castaños y hayas de 12 kms que se nos hacen incluso cortos. Llegamos a Espinama, al Albergue Briz, rato de descanso con “repaso de daños” y luego una buena cena donde algunos dimos cuenta de un espectacular cocido lebaniego.

Etapa 4 (Sábado 23/05/2026): Espinama – Portilla de la Reina (24 kms – 1000+)

Etapa reina del Camino Vadiniense alcanzando la cota de 1.794 metros de altitud en la Horcada de Valcavao. Subida larga, aunque tendida, que nos regala unos paisajes preciosos sobre los Picos de Europa a través de un entorno excepcional: valles verdes, extensos bosques y prados para ganadería. Aunque nos dicen que se ha visto algún oso, sobre todo en la zona del sendero de Pido, "no conseguimos encontramos con ninguno" (intuimos alguna huella de pisada pero no sabemos si fueron nuestras ilusiones...). En el Puerto de Pandetrave hacemos un picnic con bocatas que nos recuerdan “lo poquito que hace falta para ser feliz”. Hasta ahí hemos seguido seguimos cómodas pistas de tierra. Luego, una monótona y larga carretera de montaña nos baja a Portilla de la Reina. Este último tramo se nos hace bastante largo, pero forma parte del Camino y se sobrelleva como podemos. En Portilla nos alojamos en el albergue del pueblo, donde echamos una tarde estupenda en su jardín con alguna que otra cervecita para luego zamparnos sus conocidas hamburguesas caseras.

Etapa 5 (Domingo 24/05/2026): Portilla de la Reina - Riaño (19,9 kms – 225+)

Etapa fácil y sin desniveles significativos, aunque los primeros kms son por carretera. Nos sobrecoge el paisaje quemado por el grave incendio que provocó un rayo en 2025 que devastó la zona. Después ya tomamos un sendero con mucha vegetación y en la parte final seguimos un desvío por un sendero boscoso de continuos subes y bajas, llegando a Riaño, localidad conocida por su embalse en la que nos sorprende la poca “vida” que hay. Descanso en el Hostal Tanis, vuelta de reconocimiento por el pueblo, cervecitas y nos vamos al camping a cenar.

Etapa 6 (Lunes 25/05/2026): Riaño - Cistierna (36,3 kms – 320+)

Etapa larga de desniveles moderados que se nos atascó bastante. El inicio lo hacemos por una variante por monte muy bonita, después debemos seguir algo de carretera hasta el embalse, para continuar por el río Esla hasta el final, pasando por su Calzada Romana. Teníamos previsto una parada para almorzar a 15 kms del final, pero nos encontramos que el único bar del pueblo está cerrado, así que (con medio bocata que al menos pudimos tomarnos a media mañana) continuamos con un fuerte calor sacando nuestro “orgullo pirata” hasta llegar a Cistierna. Nos alojamos en el albergue de peregrinos, donde “salimos de nuestra zona de confort”, ya que había que probar de todo. Después lo de siempre, cervecitas arrasando con las tapas y patatas fritas del bar y luego buena cena de menú en el bar del pueblo.

Etapa 7 (Martes 26/05/2026): Cistierna - Sahechores de Rueda (21,6 kms – 50+)

La etapa es completamente llana, algo monótona, por el ancho valle del río Esla, y transcurre por cómodas pistas de asfalto o tierra, cruzando pequeños pueblos sin servicios. Llaman la atención las plantaciones de chopos en perfecta formación. La jornada se nos hace más larga de lo que parecía por el kilometraje, y es que el final de la etapa era una carretera "sin fin" donde estaba nuestro hotel. Día de escuchar música y tirar palante sin más.

Llegamos con mucho calor al Hotel La Alegría donde almorzamos un estupendo menú, después una merecida siesta reparadora y luego una cena preparando la salida de mañana, que después de lo vivido, decidimos madrugar para quitarnos las horas de sol.

Etapa 8 (Miércoles 27/05/2026): Sahechores de Rueda - Mansilla de Las Mulas (32,7 kms – 220+)

Esta última etapa sigue la misma pauta que la de ayer, prácticamente llana, junto al río Esla, y cruza pequeños pueblos, silenciosos y casi deshabitados. Inicialmente teníamos previsto alargarla hasta León (20 kms más) donde teníamos el apartamento reservado, pero acertadamente decidimos unánimemente parar en Mansilla, meta del Camino Vadiniense. No merecía la pena seguir por caminos de tierra con el calor reinante, así que tomamos una furgotaxi que nos dejó junto a la catedral de León y en el primer bar que nos encontramos celebramos y brindamos por el éxito de nuestro Camino. 

Después tuvimos tiempo para descansar, pasear por el precioso casco antiguo de Léon, cenar un increíble lechazo de cordero y hacer el brindis final de despedida.

Ya han pasado bastantes días desde que volvimos, pero sigo pensando en lo que me ha aportado esta forma distinta de hacer el Camino. Aunque parezca lo contrario, hacerlo en grupo, sobre todo con personas tan cercanas, no es tan distinto a hacerlo en solitario. Hemos tenido momentos para todo, en compañía y en soledad. Cada etapa discurría sin saberlo ni prepararlo de forma muy diferente, en grupo o en solitario. Tramos en los que nos juntábamos y se charlaba de temas más o menos importantes, y otras en soledad con tus pensamientos, los ruidos de los pájaros de fondo o escuchando música.

La grandeza de compartir este Camino en grupo me ha servido para valorar lo parecidos y también lo diferentes que somos, pero cómo la amistad está por encima de todo. El mejor ejemplo es que uno de nosotros esté a punto de arruinarse el Camino por unas malas zapas y otro le preste las suyas abandonando su comodidad para que el otro pueda continuar. Y así tantas y tantas cosas que cada uno de nosotros guardará para recordar cuando volvamos a vernos y poder reírnos de nuevo.


Hemos podido compartir muchos sentimientos, abrir nuestras mochilas e incluso vaciarlas un poco. Nos hemos reído a más no poder, y también llorado alguna que otra vez; nos hemos abrazado y también apartado cuando ha tocado. En resumen, hemos compartido momentos inolvidables siendo cómplices de todo ello, y así nos habrá ido que ya estábamos planeando nuevas metas antes de llegar de vuelta a Jerez...